PERFECCIONISTA

ERES PERFECCIONISTA? LEE ESTO!

Escrito por : Carlos Pérez-Carracedo López
Publicado an : 31 mar 2024

Vamos a empezar primero por entender sobre una base común lo que significa ser perfeccionista.

En primer lugar, no podemos confundir a un perfeccionista con un “high-achiever” o con una persona ambiciosa, son definiciones bien distintas. Tampoco podemos confundir el perfeccionismo con una ambición en conseguir la excelencia en nuestro propósito.

¿Qué es el perfeccionismo? Según un estudio llevado a cabo por dos psicólogos Paul Hewitt y Gorden Flett, existen tres tipos de perfeccionistas:

  • - El perfeccionista que tiene una visión poco real de sus propias expectativas
  • - El perfeccionista que tiene una visión poco realista de las expectativas de los demás
  • - La sociedad perfeccionista que tiene una visión poco realista de las expectativas sobre tu persona.

Para algunas personas, trabajar duro y dar lo mejor de sí mismo es una meta satisfactoria, para aquellas personas perfeccionistas dar lo mejor de sí y trabajar duro no es suficiente, sencillamente necesitan más a costa de su propia salud mental y el daño que pueden infringir a las relaciones interpersonales.

Los perfeccionistas se multiplican y aumentan exponencialmente en nuestra sociedad moderna y exigente, competitiva, un estudio realizado en el año 2022 entre un grupo de estudiantes entre 16 y 25 años identifico que más del 85% de los mismos sufría algún rasgo perfeccionista especialmente enfocado en los objetivos académicos y lo que la sociedad esperaba de ellos.

Individuos con rasgos de personalidad perfeccionista, son aquellos que en algún momento en el pasado han sido reconocidos por sus méritos extraordinarios y que de alguna forma necesitan volver a buscar ese reconocimiento constante.

Puede empezar a una edad muy temprana, donde el ambiente familiar, especialmente los padres vuelcan sobre nosotros unas expectativas muy altas, y que la percepción de la crítica a nuestra actuación o comportamiento son constantemente vigiladas o monitorizadas. Este comportamiento sometido a tanta presión nos puede llevar a tener miedo al fracaso y por tanto pensar que lo podemos superar con una grado de perfeccionismo excesivo.

Las redes sociales tampoco ayudan mucho con la percepción poco realista que un adolescente o persona adulta pueda tener de lo que ve, “todo perfecto”, nos venden una realidad virtual que aunque en un principio seamos conscientes de que todo esta retocado, modificado, cambiado, nuestro cerebro llegado un momento sencillamente desconecta de la realidad para sumarse a imágenes, mensajes y mundos que a pesar de ser artificiales, damos por buenos y reales, estando forzados a que nuestras neuronas espejo se puedan ver reflejadas en esa misma realidad convirtiéndonos en seres perfeccionistas para alcanzar una visión irreal de nuestras propias expectativas o rasgos personales y físicos.

¿Cómo podemos identificar a una persona perfeccionista?

El perfeccionista entiende que todo lo que hace tiene y debe ser perfecto y que cualquier cosa menos es inaceptable. El perfeccionista es tremendamente autocrítico con sus propias expectativas y trabajo y tiene poco margen para la frustración, siempre buscan la nota más alta, el reconocimiento más alto, y que a la primera le den a la bola de forma perfecta.

Cuando uno solo se enfoca en alcanzar objetivos perfectos, muchas veces se pierde un proceso de aprendizaje y de crecimiento personal muy importante, de hecho, el perfeccionista le cuesta mucho sentirse orgulloso de sus éxitos ya que piensa que nunca son suficientes y que siempre hubiera podido hacer MAS.

Un perfeccionista acepta de muy mala gana las críticas y el fracaso, su percepción de fallar es muy frecuente, incluso teniendo la sensación de que tus amigos, tu pareja, tu familia, tu entorno laboral y deportivo puedan tener la misma percepción, cuando todos sabemos que el error, la frustración y el fallar forman parte de nuestro día a día, es nuestra forma de crecer y de aprender.

La persona perfeccionista lleva a tal extremo su percepción de que, si al primer intento no sale bien, en muchas ocasiones no vuelven a intentarlo por miedo a hacerlo mal, algunos lo pueden llamar procrastinar o posponer una acción por miedo al resultado. Lo paradójico del tema, la gran mentira del perfeccionismo por decirlo de alguna manera es pensar que siéndolo nos ayudara a tener más oportunidades o llegar más lejos que los demás o incluso tener un futuro más prometedor, cuando en realidad tiene el efecto contrario.

Las personas con rasgos de personalidad perfeccionista tienen altos índices de insatisfacción y de frustración, la constante carrera por el perfeccionismo en la acción les lleva a trabajar exponencialmente “over work” dejándose en el camino la experiencia positiva. Se da en muchas ocasiones que por agradar a los demás siendo aquella persona perfecta a ojos de la sociedad, del grupo de amigos, del entorno laboral, cambiamos nuestros propios patrones de comportamiento para adaptarlo al modelo “perfecto” de nuestro entorno o de lo que nosotros pensamos que se espera de nosotros, cuando en realidad es una percepción nuestra, generalmente equivocada. Asimismo, lo contrario, cuando depositamos en las demás expectativas que por lo general no suelen cumplirse.

Generalmente el ser perfeccionista conlleva consigo un alto grado de ansiedad y estrés asociados a miedos al fracaso, muchos estudios concluyen que perfeccionismo está muy vinculado a estados depresivos, comportamientos obsesivos-compulsivos, trastornos de la alimentación etc…

Deberíamos reformular y realinear nuestras expectativas sobre las acciones y las personas ya que lo perfecto no existe. Intentar sustituir lo perfecto por lo excelente es un buen ejercicio para empezar a cambiar nuestra percepción y comportamiento sobre nuestras propias acciones y lo que esperamos de los demás.

Es importante tener la percepción de que ni nosotros ni los demás somos ni son perfectos, que no por ello nos debemos sentir menos apreciados, queridos o reconocidos en nuestros méritos, es importante también saber gestionar bien nuestros niveles de estrés, de presión, de saber gestionar y procesar nuestros niveles de tolerancia al fracaso y al error que tan humanos son y de los que tanto aprendemos.

Ser humano implícitamente significa ser “imperfecto” por definición.