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Cuanto más grandes seamos nosotros, más pequeños serán nuestros problemas

Escrito por : Carlos Pérez-Carracedo López
Publicado an : 6 sept 2022

Dejadme que empiece con este statement: ‘If you can’t go right, go left‘. Muchas veces nos concentramos demasiado en el problema, en su origen y desarrollo y nos ofuscamos obsesivamente en seguir rumiando y dándole vueltas y vueltas, creando una tremenda dependencia del análisis del propio problema. Parálisis por análisis, diría yo.

En realidad, en muchas ocasiones no deberíamos entrar en el fondo de la cuestión, sería mejor avanzar hacia una solución muchas veces pragmática, útil, innovadora, simple! Por algo dicen que la simplicidad es la sofisticación máxima!

Este artículo lo escribo porque sabemos a ciencia cierta que en el verano aparcamos muchos de los problemas que dejamos atrás cuando nos vamos de vacaciones. También damos vacaciones a los problemas, y lo cierto es que no está mal tomarse un respiro y poner tierra de por medio. Una de las soluciones sin lugar a dudas, es coger perspectiva sobre un problema: muchas veces estamos tan cerca que ni tan siquiera vemos el camino de la solución, mientras que cuando tomamos distancia empezamos a tener perspectiva, y con ella, en algunas ocasiones, se nos aparece la solución por arte de magia.

Fantástico, tema resuelto, pero hay otros problemas que cuando volvemos de vacaciones, los muy pesados siguen ahí, esperándonos.

El síndrome postvacacional o estrés postvacacional, dejémoslo en tan solo un concepto, en realidad es un episodio de ansiedad o una presión emocional por readaptarnos a una realidad distinta desde la fisiología y la psicología, una especie de jetlag. Es la adaptación de un día para otro de horarios, hábitos, comportamientos y personas que se han visto alterados y modificados por las vacaciones. Dicen los estudios que entre un 40 y un 50% de la población activa en algún que otro momento lo sufre.

Después de leer este artículo os aseguro que ninguno de nosotros estaremos entre esa estadística 😊

El paréntesis del verano nos da un respiro a nivel psicológico y emocional, nos distancia del problema, y por cierto tiempo, desaparece de nuestro córtex prefrontal y lo aparcamos en un box que cerramos y guardamos la llave en algún lugar de nuestro hipocampo. Como digo, no me parece mal, de hecho, creo que en algunos casos hasta es necesario tener tiempo de desconexión y distancia de lo que dejamos atrás aún a sabiendas de que cuando volvamos, lo más probable es que nos lo volvamos a encontrar.

Una vez cumplido ese plazo nos toca volver a la realidad, a nuestra realidad que, como todos sabemos, no deja de ser totalmente subjetiva y dinámica, cambiante. Cuando volvamos, nosotros seremos diferentes, el momento será diferente y por tanto el problema que nos encontraremos será diferente al que dejamos cuando nos fuimos de vacaciones.

Ese oxígeno, esa serotonina, esa oxitocina, esa vitamina D, ese estado de felicidad que hemos disfrutado en esos días maravillosos de ocio, nos da las herramientas y la fortaleza para abordar cualquier problema con fuerzas renovadas, con mucha más fluidez y con muchos más recursos mentales.

Toca un cambio de chip, hay que dejar de hablar del trauma que supone volver de vacaciones, enfrentarse a la vida cotidiana y volver a encontrarse con el problema. Mejor volver con la actitud positiva de haber tenido el enorme privilegio de haber estado descansando, con nuestros amigos y familia, días de ocio, de felicidad, de playa o montaña, de descanso, de buenas tertulias, de relax, de desconexión, de amor etc…

GRACIAS GRACIAS GRACIAS

¡Somos lo que pensamos! Es simple, cambiemos nuestra forma de pensar, pasemos de pensar en el pasado y pasemos a concentrarnos en el presente.

Sabéis, cuanto más grandes seamos nosotros como personas, más pequeños serán los problemas.

Si lo pensamos un momento, los problemas siempre son pequeños en relación con el tiempo! Si le damos perspectiva nos daremos cuenta de que nada es tan importante y nada es tan absoluto y que por tanto todo tiene solución en el momento presente. Dejemos nuestra obsesión de intentar controlar y construir el futuro, y automáticamente solucionaremos el presente.

Pequeñas metas, pequeños objetivos, pequeñas victorias cada día son las claves para avanzar, para evolucionar, para no quedarnos estancados e ir solucionando aquellas cosas pendientes mediante la toma de decisiones.

Nuestro cerebro es plástico, flexible, con muchos recursos que se crean de forma espontánea. Cuando volvemos de vacaciones nuestro cerebro, nuestras neuronas, han estado ocupadas en otros asuntos, por tanto las tendremos a punto, bien capacitadas para poder afrontar cuantos retos se nos pongan por delante. Nuestro cerebro se encargará de establecer nuevas conexiones, crear nuevos circuitos neuronales que nos ayudarán a encontrar la solución a los problemas que quizá antes resultaban mucho más difíciles de resolver.

Paremos aquí un momento.

Cuando estamos de vacaciones y desocupamos nuestro cerebro de aquellos asuntos laborales, sociales o personales que llevan consigo preocupación, conflicto, alteración o discusión, el cerebro exhibe una tranquila sincronicidad centrada en áreas sensoriales de nuestro cerebro, creando, como dije, más espacio (literalmente) para que las neuronas se oxigenen, se liberen de estrés y sencillamente estén más ociosas, que tengan menos trabajo.

Cuando estamos en nuestros trabajos, en nuestra vida cotidiana, defendiendo nuestro puesto de trabajo alcanzando los objetivos marcados, cumpliendo las expectativas de quien ha depositado su confianza en nuestro buen hacer, en nuestras relaciones afectivas donde muchas veces no se está de acuerdo con el otro, nuestro cerebro necesita mucha más capacidad cognitiva, mucho esfuerzo y por tanto mucha más energía. Esto quedó demostrado en un estudio llevado a cabo por la Universidad de Yale mediante una técnica avanzada llamada ‘Espectroscopia funcional’.
Es evidente que cuando no estamos trabajando, especialmente cuando ya estamos de vacaciones, tardamos unos días en descongestionarnos. No sé si debo usar la palabra desintoxicarnos ya que a muchos nos encanta el trabajo que desarrollamos pero aún así necesitamos desconectarnos de ciertas realidades, recibimos menos estímulos y por tanto debemos dar menos respuestas. Así, nuestro centro superior cognitivo descansa y pasa a tomar decisiones tan simples y relajadas como dónde cenar esta noche o con qué amigos vernos mañana.

También parece un hecho que cuando estamos de vacaciones reducimos los niveles de cortisol asociado directamente al estrés y subimos nuestros niveles de dopamina, oxitocina, serotonina, endorfina… Todas ellas contribuyen a nuestro bienestar, a sentirnos felices y ver la vida con un optimismo nítido y claro.

En vez de lamentarnos por volver a nuestra realidad subjetiva, alegrémonos de haber descansado, de haber disfrutado, de habernos divertido, de haber tenido el privilegio de estar con los nuestros compartiendo tiempo de calidad, de haber desconectado, de haber recuperado fuerzas, sueño y ganas.

Cuando volvamos, volvamos con fuerza, con actitud positiva, tenemos las pilas cargadas, aprovechemos esa energía para darle un empujón importante a los proyectos, a nuestros sueños, a nuestras metas, a solucionar los problemas que quedaron aparcados.

Mientras estábamos descansando y de forma inconsciente, le hemos dado oxígeno a nuestro cerebro, hemos eliminado carga emocional negativa, hemos descargado, hemos creado más espacio al tener nuestras neuronas menos ocupadas, en definitiva, hemos creado nuevas reservas estratégicas de gestión.

Cuando volvamos de vacaciones volveremos sin estrés, mucho más equilibrados emocionalmente y por tanto en una posición de ventaja. Que nuestro objetivo sea ser mejores.

Veis que cambiando la percepción de lo que significa volver de vacaciones cambiamos nuestra realidad!

Así que nadie tiene excusa, aprovechemos la oportunidad y volvamos con fuerza y energía a tomar decisiones, a avanzar, a resolver y solucionar, a gestionar y evolucionar, a mejorar y a aprender.

¡Feliz San Septiembre!