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Nuestro mundo interior

Escrito por : Carlos Pérez-Carracedo López
Publicado an : 10 sept 2021

En estos últimos meses hemos podido oír hablar mucho sobre genética y cómo las vacunas de nueva generación ya trabajan a nivel genético para transportar información a nivel celular, y al fin y al cabo, eso es lo que somos, un conjunto de información genética de aproximadamente 25.000 genes distribuidos en 23 cromosomas, o dicho de otra forma, el HOMO SAPIENS moderno, o mejor dicho, actualizaciones que a lo largo de nuestro periodo evolutivo hemos experimentado. Mas allá de este mundo genético que compone nuestro ser estamos también estructurados por un sistema central nervioso que a fines prácticos y para este artículo podríamos dividir en tres grandes estructuras básicas: nuestro cerebro reptiliano, nuestro sistema límbico y la corteza, nuestro cerebro ejecutivo.

Al igual que nuestra anatomía está compuesta por órganos, según los estudios 78, y nuestra estructura ósea compuesta por 206 huesos, nuestro cerebro tiene aproximadamente la abstracta cifra de 85.000 millones de neuronas, unas más importantes que otras. Cada neurona está compuesta por un cuerpo celular llamado SOMA, que podríamos decir es el núcleo de la misma, el tronco y después las extensiones llamadas dendritas y axones, receptores y emisores de información sináptica, pura electricidad. Un sinfín de hormonas y neurotransmisores que componen nuestro mundo interior.

Después de estas líneas ya hemos, de forma empírica, establecido lo que somos, evidentemente faltan los sentimientos, los pensamientos y las emociones para terminar de formar ‘el ser’.

Tenemos emociones primarias y secundarias, el escocés David Hume ( 1711-1776 ) las describió. Él las denomino directas e indirectas.

  • Las directas: alegría, deseo, esperanza, confianza, tristeza, aversión, miedo, desprecio
  • Las indirectas: amor, orgullo, piedad, generosidad, vanidad, odio, humildad, malicia, ambición, envidia

La pasión, que según el filosofo ¡es una emoción llena de sensibilidad!

Por tanto, somos pasionales, seres emocionales con estructuras sensibles y frágiles.

A todo esto, nuestro mundo de estructura ósea, órganos, neuronas y células tienen a su vez un reloj que está gestionado por un grupo de neuronas de aproximadamente 10.000 unidades situadas cerca del hipotálamo anterior. También tenemos un gen identificado llamado ‘clock’ que marca nuestros ritmos, sueño, vigilia, nuestro reloj natural, la luz y la oscuridad, la melatonina y la serotonina, nuestro marcador biológico.

Me apetecía mucho empezar el artículo con esta introducción porque muchas veces nos olvidamos, o sencillamente no tomamos consciencia de lo que en realidad somos, de toda la complejidad que se deriva de un mundo interior intercomunicado que mantiene una constante conversación, que se interrelaciona que interactúa, que se complementa, se ayuda y se coordina para que todo funcione a las mil maravillas.

Nuestro mundo interior es de una complejidad asombrosa y aún así, casi siempre, funciona estupendamente.

Pero no nos sorprenderá si afirmo que a lo largo de los últimos meses hemos sufrido alteraciones en algunos casos preocupantes de factores desestabilizadores de este, nuestro mundo interior. Los podemos llamar alteraciones de estado de ánimo, impotencia, falta de energía, anhedonia, (incapacidad para sentir placer, perdida de interés, falta de estímulos positivos, etc..), alteraciones del sueño como el insomnio o la hipersomnia, falta de apetito, fatiga crónica, apatía social, irritabilidad y una larga lista de sensaciones poco deseadas que nos lastran y minan nuestras fuerzas y ganas de vivir, dementores que se alimentan de nuestra energía.

Quizá todos hayamos experimentado alguno de estos síntomas o la combinación de muchos en mayor o menor intensidad, signos de que las cosas han sido complicadas y difíciles.

Todos hemos envejecido prematuramente en este periodo tan inesperado e incierto, como dijo el filosofo, ‘envejecer no es para débiles’.

Toda esta descripción bien podría resumirse en una sola palabra a decir, ESTRÉS, nuestro incómodo amigo que se auto invita y toma asiento en nuestro cerebro y organismo, empieza a generar un cambio en nuestras células inmunológicas, nuestro sistema inmune se ve debilitado y pasamos a un estado de alerta crónica y aumentar nuestra producción de sustancias nocivas para nuestro organismo, generando un estado inflamatorio generalizado, creando circuitos en nuestro mundo interior de autopistas tóxicas que llegarán a nuestras células, órganos y neuronas, generando el caos, ¡una caja de pandora!

En un artículo anterior escribí que nuestro cerebro no estaba preparado para tanta información negativa, no podía gestionar tanta toxicidad, en unos 100 años, los últimos, hemos evolucionado tanto como en los últimos 2 millones de años, pero nuestro cerebro no va a ese ritmo frenético y por tanto, algunas veces le cuesta ponerse al día.

Os pongo un ejemplo que arroja mucha luz y conocimiento a lo que os acabo de hacer mención, lo dijo el Dr. Mariano Alló, biólogo, con esta comparativa en relación con los estresantes (factores disparadores del estrés):

La respuesta fisiológica es la misma ante la presencia inesperada de un león en la jungla como la de dar un paso al frente para salir a un auditorio y dar una conferencia ante cientos de personas.

En estilos de vida anteriores, el hombre se enfrentaba una sola vez cada cierto tiempo a ver un león y sentirse amenazado. Ahora, el ser humano se enfrenta a situaciones de estrés diariamente, aparecen leones de forma constante en nuestras vidas y por tanto vivimos en una antesala de estrés permanente, cronificado.

Ahora, hoy, mañana, todos volvemos al trabajo después de un verano que espero haya sido bonito para todos, o quizá ahora, hoy o mañana los que han estado trabajando en el sector servicios se tomen su merecido descanso, en cualquier caso, todos volvemos a encontrarnos con una realidad distinta.

Para poder afrontar con garantías este nuevo curso laboral, escolar, poner el contador a cero y no caer en la desestabilización, en la urgencia, en el estrés, vendría bien resumir brevemente las rutinas positivas que deberíamos recordar para fortalecer nuestro mundo interior:

  • HACER EJERCICIO
  • MANTENER UNA BUENA RUTINA DE HORAS Y HORARIO DE SUEÑO
  • COMER CON MODERACIÓN Y DE FORMA SALUDABLE
  • PRACTICAR EL MINDFULNESS O LA MEDITACIÓN
  • BEBER AGUA CON FRECUENCIA
  • JUGAR
  • CULTIVAR EL INTELECTO
  • BUSCAR MOMENTOS DE OCIO
  • BUSCAR MOMENTOS DE SILENCIO

Es curioso que, a lo largo de esta pandemia, nadie nos haya dicho que nos fortalezcamos, que cuidemos de nuestro sistema inmune, que cuidemos nuestra alimentación, que hagamos deporte, que vivamos una vida sana. Toda la estrategia se ha centrado en buscar el remedio con urgencia, que todo sea dicho, era necesario, obligatorio e imperativo, pero no se ha puesto énfasis en mejorar nuestro mundo interior, en cuidarlo, mimarlo y hacerlo más fuerte.

Pues ahora es el momento de no olvidarse, de ponerse rutinas sanas, de ser más fuertes, de generar estabilidad en nuestros sistemas que rigen nuestro mundo interior, nuestro sistema nervioso, nuestra genética, nuestra homeóstasis, nuestro equilibrio psicológico, nuestros índices de felicidad, nuestras habilidades y talentos, de poner lo positivo de las experiencias vividas a disposición de nuestro presente y ser conscientes de que todos tenemos un mundo interior maravilloso pero que necesita cuidados.

Después de todo este tiempo vivido en esta pandemia, necesitamos SER lo que SOMOS.

Dijo un poeta de la antigua Grecia: «Somos lo que hemos aprendido a ser, no como somos».

Tenemos una oportunidad fantástica de ser nosotros mismos, de ser mejores, una versión de nosotros mismos mejorada, evolucionada y una versión actualizada de nuestra propia persona.

Feliz vuelta al trabajo a todos.